Lo que pueden aprender de los game masters quienes diseñan las políticas públicas

Cuando la gente piensa en los escape rooms, normalmente imagina puertas cerradas, pistas ocultas y equipos corriendo contra el reloj. Cuando piensa en los responsables políticos, imagina normativas, estrategias y consultas públicas. A primera vista, estos mundos parecen muy alejados entre sí.

Pero si se observa más de cerca, surge una comparación interesante: tanto los game masters como las personas que diseñan políticas públicas son diseñadores de experiencias. Ninguno de los dos resuelve directamente los retos a los que se enfrentan los participantes. En cambio, crean las condiciones que permiten a las personas tener éxito.

En muchos sentidos, el futuro de una política pública eficaz puede tener más en común con una escape room bien diseñada de lo que pensamos.

Crear reglas no es lo mismo que controlar

Un buen game master no crea reglas para que los jugadores fracasen. El objetivo es crear un reto justo que sea atractivo, motivador y alcanzable. Los participantes deben sentirse desafiados, no excluidos.

El mismo principio se aplica a la política pública. Ya sea diseñando programas juveniles, reformas educativas o iniciativas de emprendimiento, los decisores deben crear marcos que fomenten la participación a la vez que eliminan barreras innecesarias. Las investigaciones de la OCDE destacan que los entornos de aprendizaje eficaces son aquellos que resultan atractivos, acogedores y sensibles a las necesidades de los diversos alumnos. Las políticas funcionan mejor cuando ayudan a las personas a superar los retos en lugar de limitarse a imponer restricciones.

La pregunta para los responsables decisores es sencilla: ¿los ciudadanos tienen dificultades porque el reto tiene sentido, o porque las propias normas crean obstáculos?

La inclusión es el reto de diseño definitivo

Los game masters con experiencia saben que no hay dos equipos iguales. Algunos jugadores son analíticos, otros creativos. Algunos necesitan pistas adicionales, mientras que otros prefieren mayor autonomía. Las mejores escape rooms están diseñadas para adaptarse a diferentes estilos y capacidades de resolución de problemas.

La política pública moderna se enfrenta a un reto similar. La diversidad ya no es la excepción, sino la norma. Las investigaciones de la OCDE subrayan que los sistemas equitativos requieren entornos de aprendizaje y políticas que respondan a las necesidades de poblaciones diversas y que impliquen activamente a las partes interesadas a lo largo de todo el ciclo político.

Esta idea es especialmente relevante para el trabajo con jóvenes y la educación. Si los programas solo funcionan para los participantes más aventajados, no son realmente un éxito. La inclusión no debería ser una idea de última hora, sino formar parte del diseño desde el principio.

El proyecto Digital Escape Rooms for Social Entrepreneurship (DEGSE) asume este principio desarrollando recursos accesibles, multilingües y diseñados teniendo en cuenta la inclusión, incluida la consideración de los jóvenes con necesidades de aprendizaje específicas.

La retroalimentación es más poderosa que el castigo

Una de las responsabilidades clave de un game master es decidir cuándo y cómo dar pistas. Demasiada orientación hace que la experiencia sea aburrida. Demasiado poca genera frustración.

Una política pública eficaz requiere el mismo equilibrio. Los ciudadanos, los educadores y los jóvenes necesitan mecanismos claros de retroalimentación que les ayuden a entender cómo mejorar y participar. Las políticas que dependen únicamente del cumplimiento y las sanciones a menudo no logran inspirar el compromiso.

Curiosamente, los estudios sobre el aprendizaje basado en juegos demuestran que los juegos bien diseñados aumentan la motivación, el compromiso y la adquisición de conocimientos porque los participantes reciben retroalimentación continua y pueden aprender mediante la experimentación.

¿Y si más iniciativas públicas se diseñaran como trayectos de aprendizaje en lugar de procedimientos administrativos?

Diseñar para la colaboración

La mayoría de las escape rooms no se pueden completar en solitario. El éxito depende de la comunicación, la confianza y la capacidad de combinar diferentes perspectivas.

Las sociedades se enfrentan a retos cada vez más complejos, desde el cambio climático y la inclusión social hasta el desempleo juvenil. Ninguna institución por sí sola puede resolver estos problemas de forma independiente. Los responsables políticos, los educadores, las ONG, las empresas y la ciudadanía deben colaborar.

Las investigaciones sobre experiencias colaborativas de escape room han demostrado incluso su potencial para reforzar la comprensión y la cooperación entre distintos grupos.

Quizá la lección más importante que nos dejan los game masters es que el progreso significativo se produce cuando las personas sienten que forman parte de la solución.

Las personas que diseñan las políticas públicas  como diseñador de experiencias

Tradicionalmente, se los ha considerado como creadores de normas. Pero los retos del siglo XXI exigen una mentalidad diferente:  como diseñador/a de entornos donde las personas puedan aprender, contribuir y prosperar.

Los game masters entienden que el éxito no se mide por lo difícil que sea el juego. Se mide por lo que los participantes experimentan, aprenden y recuerdan.

Lo mismo podría decirse de la política pública.

A medida que las herramientas digitales, la gamificación y los métodos educativos innovadores se vuelven más comunes, se tiene la oportunidad de replantearse cómo participan los ciudadanos en las iniciativas públicas. Proyectos como DEGSE demuestran que los enfoques interactivos, como las escape rooms digitales para el emprendimiento social, pueden fomentar la creatividad, el trabajo en equipo, el pensamiento crítico y la ciudadanía activa de maneras que los métodos tradicionales a menudo tienen dificultades para lograr.

Al final, tanto los game masters como las personas que diseñan las políticas públicas comparten la misma misión: creación de entornos justos, inclusivos e inspiradores donde las personas puedan desarrollar todo su potencial.

La única diferencia es que uno diseña rompecabezas, mientras que el otro ayuda a la sociedad a resolverlos.

 

 

Referencias